Pagos móviles: sin los no-bancarizados no hay modelo viable

Las oficinas de los think-tanks son silenciosas. Buena parte del trabajo consiste en el análisis cerebral de los datos e incluso cuando llega el momento de intercambiar ideas, se hace en voz baja. La información puede ser sensible a los oídos indiscretos.

En un think-tank me entrevisté con Xavier Faz, un mexicano amable y locuaz que contrasta con su entorno y funge como Asesor Técnico Senior del CGAP, un centro abocado al estudio de los obstáculos que encuentra el desarrollo de los pagos móviles en los mercados emergentes.

Le pregunté qué modelo de pagos móviles tiene las de ganar en América Latina: si el del Sur o el del Norte. Me contestó que el del Sur.

Dos modelos de billetera móvil se ciernen sobre América Latina. Uno proviene del Norte y se centra en el público ya bancarizado. Este modelo requiere alianzas entre bancos, tarjetas de crédito y carriers así como hardware adicional tanto del lado del usuario como del comercio. Isis o Google Wallet son buenos ejemplos de este modelo.

El modelo del Sur le apunta al segmento no-bancarizado, que en América Latina representa el 60% de los hogares (ver recuadro más abajo). Utiliza tecnologías que tienen una penetración casi universal en los mercados emergentes, como SMS o USSD, y provee puntos de extracción y depósito alternativos a las sucursales bancarias tradicionales. M-Pesa en Kenya sea tal vez el modelo más exitoso, que ya mueve más dinero a nivel doméstico que Western Union a nivel global.

Para Faz, los modelos de negocio que incluyan a los actualmente no-bancarizados son los mejor posicionados para alcanzar la escala necesaria y cumplir con las expectativas de precio y conveniencia que se proyectan sobre la billetera móvil. O en palabras de Jakob Nielsen, la escala necesaria para que la experiencia de la billetera móvil sea mejor que la realidad.

Porcentaje de hogares con al menos en una cuenta bancaria en una institución formal, 2009. (Fuente: CGAP, Financial Access 2010, p. 4).

La incógnita es si los bancos latinoamericanos están apuntando sus esfuerzos en el ecosistema móvil hacia la expansión de su base de clientes o si lo conciben como un servicio o canal adicional para quienes ya son sus clientes.

La experiencia muestra que en América Latina los esfuerzos de los bancos por ampliar su base de clientes están desconectados de la provisión de servicios móviles. La innovación más exitosa para incrementar su penetración tiene que ver con los agentes bancarios. Faz resalta que en Brasil ya son más de 150.000 y que Perú y Colombia también han establecido redes de agentes importantes.

Sin embargo, los servicios de banca móvil no acompañaron los esfuerzos de los agentes por alcanzar nuevos segmentos, sino que han sido ofrecidos como un canal adicional para consolidar la base de clientes ya establecida. De cualquier modo, en América Latina la penetración de los servicios bancarios sigue dejando fuera a una parte significativa de los hogares.

Esta dificultad de los bancos para universalizar el acceso a los servicios financieros, que en América Latina presenta una barrera de escala para el modelo del Norte, está comenzando a abrir el juego. Faz resalta que varios países en América Latina han actualizado o están en el proceso de actualizar sus legislaciones para permitir nuevos jugadores en el mercado de los servicios financieros móviles. México fue pionero en materia de regulatoria regional con la reglamentación de las cuentas móviles en abril de 2010. El Banco Central de Ecuador hizo lo propio con una regulación básica en enero de 2011, aunque todavía queda una reglamentación compleja por delante. Perú y Colombia van en camino.

La competencia tal vez dé nuevo brío a los bancos para proveer servicios financieros que sean mejores que la realidad presente de los millones de latinoamericanos en la base de la pirámide. O tal vez, le abra el paso a otros jugadores del ecosistema móvil para que cumplan con esta tarea.

Al final, está claro que sin la inclusión del segmento actualmente no-bancarizado no hay modelo de billetera móvil masivo, y por lo tanto viable. En América Latina, eso implica empujar el modelo del Sur. Salí masticando esta idea, por los pasillos silenciosos.

Extraído de Movilsur

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  • David Álvarez

    En América del Norte, nuevos bancos que no son bancos como Simple.com también jugarán un papel de transformación en el desarrollo tecnológico de las transacciones