Uso del móvil y cómo afecta a Terceros

 
Es uno de los gestos más habituales en la actualidad: Tocar el bolsillo para ver si tu móvil está ahí en el caso de los hombres y echar un vistazo a la profundidad abisal de los bolsos en el caso de las señoras.
Si no tenemos el teléfono móvil a mano estamos “incomunicados e inseguros”, si salimos de casa sin él, evaluamos la distancia a recorrer de vuelta para que ocupe el lugar que ya parece que siempre ha ocupado en nuestras vidas y si alguna vez lo perdemos, la sensación es de los más profundos de los vacíos existenciales, ¿qué será de todas esas llamadas que nunca contestaremos y de los mensajes que dejaremos sin responder?.
Los que tenemos uno o más teléfonos móviles sabemos que los necesitamos, pero ay de quien ose proponer que estamos enganchados a ese pequeño plástico de 90 gramos que emite luz y sonido. No dudamos en negar la mayor y replicar que “puedo estar sin él tanto tiempo como quiera”, “yo siempre lo apago si no lo voy a utilizar” o “lo tengo porque es exigencia del trabajo”.
Caso aparte, y a colación de la gráfica que hoy os dejo, es la triangular relación que nuestros padres han establecido entre nosotros, nuestros teléfonos móviles y su preocupación parental.
Si un padre (preferentemente una madre) necesita ejecutar la marcación de tu móvil laboral, tu móvil personal, el móvil laboral de tu pareja, el móvil personal de tu pareja y en caso de haberlo el fijo de tu domicilio, amigo, entonces LA HAS CAGADO, todo lo que recoge la “estadística” de la gráfica toma efecto y se desencadena una secuencia de broncas que te hacen recordar cuando eras más joven, mucho más joven…es que una madre es una madre.
 
¿Les ha sucedido alguna vez?