Trabajando Remotamente

El boom de Internet y, más allá, el gran desarrollo tecnológico de los 90 ha dejado una huella indeleble en las sociedades modernas, y desde luego, para muchas empresas y profesionales esta influencia está siendo extraordinariamente positiva. la difusión de las nuevas tecnologías tendrá y ya esta teniendo consecuencias significativas para la organización del trabajo y la producción.  

Sin duda, la mejora física de la comunicación y así también el acceso a la información relevante es uno de los grandes logros de esto que ya se puede catalogar como auténtica y profunda revolución, en la cual, Internet se está convirtiendo en el eje y medio vertebrador de los nuevos entramados productivos en los países desarrollados. 

El trabajo se está volviendo más flexible. Los sistemas electrónicos de información penetran en el mercado laboral y forman redes integradoras. Surgen nuevas estructuras de organización, y el personal adquiere una mayor independencia: pueden decidir con mayor libertad su horario y lugar de trabajo. Hace veinte años, el 14 por ciento de la población activa de Alemania trabajaba con una máquina o instalación manejada por computadora. Actualmente, más del 60 por ciento realiza su trabajo con una computadora – sea en una fábrica, taller, consultorio, oficina o en viaje. Al mismo tiempo, sigue creciendo el sector de la información y servicios; ambas tendencias continuarán en el futuro. En el año 2010, se estima que casi el 70 por ciento de la población activa trabajará en el sector terciario. Para los asalariados, la "informatización" del trabajo significará una mayor libertad de movimiento .Así Aumentan las formas del trabajo, y va desapareciendo la importancia del trabajo industrial convencional. El empleo a tiempo completo, duradero y a largo plazo, ya es algo del pasado. El "proceso de desindustrialización" es el lema del momento. En la década y media pasada, la creciente informatización y la dinámica del sector de servicios han creado nuevas formas de empleo.

La encuesta realizada a principios de este año por el Instituto Americano Pew sobre el impacto que tiene la red en los habitantes norteamericanos confirmó que el uso de Internet se ha consolidado como herramienta de trabajo. Ahí, más del 90% de las empresas utilizan de alguna manera este medio para realizar sus actividades.  

El desarrollo de los PDA (Asistentes Personales) y las nuevas aplicaciones disponibles en los teléfonos móviles sobretodo en lo que respecta al uso del correo electrónico, ya no sólo ha incrementado significativamente las posibilidades del teletrabajo, sino que además ha favorecido que un gran número de profesionales den el paso hacia el trabajo a distancia.

En Europa, aunque desde 1994 también lo hace significativamente, no está experimentando un crecimiento tan espectacular, ni mucho menos alcanza parecidas cifras. Gran Bretaña, fiel a sus lazos económicos y sociales con el gigante americano, es el país europeo que más asumido tiene el teletrabajo dentro sus organizaciones. Haciendo caso al antedicho Instituto Americano Pew, el uso de Internet estaría en torno al 86% de las empresas británicas, lo cual contrasta con países como Francia cuyo entramado empresarial sólo alcanza en este aspecto un decepcionante 36%. Finlandia, por otro lado, es el país según la Comisión Europea con mayor cantidad de teletrabajadores en proporción a su población activa, en 1999 se estimó en un 17% . En ese mismo estudio se calculó que 9 millones de personas teletrabajan en la Unión Europea (6%). 

Probablemente, y alentado por el ciclo de crisis económica, su número se habrá incrementado ya en al menos 3 millones.

Es importante saber que el concepto de teletrabajo va más allá de ciertos tópicos. La Comisión Europea lo ha definido como cualquier actividad realizada a distancia mediante las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), y que genera un valor económico añadido. Así, el teletrabajo no es sólo trabajar en el domicilio ya que son también teletrabajadores los que lo hacen habitualmente desde un telecentro, o un cibercafé, pero sobretodo hay que contar con un enorme colectivo que crece a un ritmo extraordinario precisamente porque las nuevas tecnologías ahora lo permiten. Nos referimos a aquellos trabajadores que gracias a los dispositivos móviles pueden moverse de un lugar a otro en continuo contacto ya sea con la empresa o con los clientes. Este es el colectivo de profesionales que en Estados Unidos más se ha beneficiado y que ahora parece que va a hacerlo en Europa. 

Desde luego un importante factor que juega en contra del teletrabajo es la amenaza de aislamiento en todos los sentidos, ahora que las empresas defienden tanto el trabajo en equipo. Muchos temen que esta forma de vivir y trabajar pueda afectar a las relaciones sociales de las personas implicadas, y lo que es peor, algunos trabajadores piensan que el hecho de estar alejados de los centros de decisión de las empresas puede llevarles a perder peso en la organización, y así, también posibilidades de ascenso. Temen muchos que esta manera de trabajar no tenga el justo reconocimiento. Unido a este aislamiento, también está el peligro de empobrecimiento por la falta de reciclaje, formación y actualización en la orientación profesional. 

Por su lado, las empresas piensan que el teletrabajo puede suponer la pérdida de control, y de ese modo, la disminución del rendimiento de sus empleados. Es además para ellas un reto en el sentido de tener que cambiar las estructuras y sus propias organizaciones productivas, con los consiguientes riesgos económicos y sociales que ello supone.

Las nuevas tecnologías y así las nuevas formas de trabajo son una excelente oportunidad para el desarrollo económico y social de las zonas y comarcas menos favorecidas. Es asimismo una oportunidad para que los jóvenes, mujeres, parados de larga duración y discapacitados, todos ellos colectivos que habitualmente encuentran mayores dificultades en el acceso al mercado laboral dispongan de un medio eficaz para ello. Un factor, el de las nuevas tecnologías, que por el contrario puede convertirse en un elemento que incremente la desigualdad y marginación entre diferentes zonas y colectivos si no son tomadas las acciones apropiadas que estimulen el equilibrio.