Nubes por todas partes

 
Veo nubes por todas partes. Y no, no estoy dando el parte metereológico. La idea del cloud computing, la materialización de la mítica frase acuñada en Sun Microsystems, “the network is the computer”, aparece cada día más como la frontera principal entre la informática del siglo pasado y la de éste. Un siglo pasado anclado a la máquina, al ordenador personal, al sueño de “un ordenador en cada casa“, enfrentada a un momento actual que extiende el concepto mucho más allá: múltiples ordenadores adaptados a cada uso, unidos a una pléyade de dispositivos de otros tipos, y todos ellos accediendo a la misma información con idéntica facilidad y coherencia.

Un mundo en el que el sistema operativo pierde toda su importancia más allá de proporcionar el acceso a los recursos de la máquina, convirtiéndose en una capa finísima, casi invisible al usuario, que éste prácticamente no toca, y que se limita a garantizar eficiencia, estabilidad y seguridad. Sobre él, el navegador como ventana abierta a la red, interactuando con los recursos de la máquina para gestionar las diferentes situaciones de conexión/desconexión, y accediendo a aplicaciones y datos situados en la red de manera natural, en los diferentes proveedores, donde pueden ser accedidos desde cualquier máquina por todos aquellos que deben acceder a ellos.

La nube va a ser, sin duda, la nueva frontera. Y lo va a ser en los dos ámbitos clásicos de la tecnología: en el personal, y en el corporativo. En el mercado de consumo, el de los usuarios de a pie, estamos ya viviendo una notable transición a la nube de la mano de algunas empresas entre las que se destaca Google: correo, agenda, documentos, fotos, referencias, anotaciones… todo lo que un usuario necesita, disponible desde cualquier terminal tras una autenticación simple. Unido al auge de la ultraportabilidad, a la conectividad cada vez más barata, plana y ubicua, y al crecimiento del mercado de los smartphones – con BlackBerry, iPhone y el recientemente anunciado G1 como protagonistas principales, – nos disponemos a ver una evolución vertiginosa en el modelo de uso por parte de los particulares: ¿quién quiere su correo, su agenda o ese proceso de textos de cuyas prestaciones no llega a usar jamás más del 3% confinados en el disco duro de un solo ordenador, inaccesibles cuando está lejos de él o se encuentra apagado?

Pero la evolución en el mercado de consumo no será nada comparado con la del mercado corporativo. Caracterizadas por su lentitud y conservadurismo en la toma de decisiones, las empresas, procedentes de un doloroso pasado de implantaciones faraónicas costosísimas, verán disipados los cuentos de viejas sobre los terribles peligros de tener los datos más allá de los protectores muros de la sede corporativa gracias a historias de éxito como Salesforce y muchas más, y presenciarán como aquellas empresas más ágiles en la migración a la nube empiezan a disfrutar de costes mucho menores, funcionalidades enormemente extendidas en la dirección adecuada, y soporte para colaboración simple, eficiente y seguro. En poco tiempo, el data center corporativo estará tan fuera de lugar como construir tu propia central eléctrica o tu propio pozo de agua, salvo en el caso de aquellas empresas, no muchas, que por dimensión o tipo de negocio opten por “construir su propia nube”. Decididamente, en la informática corporativa nos disponemos a presenciar una revolución.

Hace varios meses, tuve una reunión con mis amigos de Oracle. Oracle es una emrpesa a la que tengo un gran cariño: la primera que, a mi vuelta de Estados Unidos, confió en mi capacidad de dirigirme a una audiencia de manera independiente para hablarles de mi visión de las tendencias en tecnología, para que ellos enmarcasen posteriormente sus productos en lo que representaba su interpretación de aquellas tendencias. En aquella ocasión había sido en torno al CRM: en esta ocasión, me pedían repetir algo parecido, pero para sus aplicaciones de PYMES. Sin embargo, y a pesar del gran incentivo que supone trabajar con buenos amigos, esta vez no funcionó: mi visión de la tecnología para las PYMES ya no coincidía con la que ellos presentaban. Mientras ellos seguían “en La Tierra” con aplicaciones clásicas, yo ya tenía claramente “la cabeza en las nubes”, y nuestros mensajes no podían ser alineados fácilmente. Por eso me ha encantado escuchar, en ese Oracle Open World que se está celebrando en San Francisco al que me invitaron pero al que no he podido asistir por problemas de agenda, las declaraciones del Vicepresidente Ejecutivo de Desarrollo de Producto, Chuck Rozwat, en las que deja ver un futuro de orientación a la nube:

“The currently experimental market will mature into a service for businesses as people will migrate more and more serious/mission critical applications to the cloud”

convirtiendo así a la división de products on-demand de la compañía y a las iniciativas de trabajo con la Amazon Elastic Computing Cloud en uno de sus activos más estratégicos. La transición a la nube no va a ser sencilla para Oracle, como no lo será para muchas otras empresas de tecnología acostumbradas a un modelo más de producto que de servicio, pero claramente, nos muestran cuáles son las tendencias y donde se encuentra el futuro. En breve veremos muchos más capítulos de esta saga: proveedores migrando sus ofertas, y empresas anunciando su adopción. El futuro está en las nubes.

Excelente Editorial Extraída del Blog del Profesor Enrique Dans